Una noche en Mira
Me encantaría decir que es una historia creíble, pero no lo es, pero espero que la creas.
Mira es una ciudad pequeña, que da la bienvenida a los viajeros pues estos son esenciales para los ingresos, yo soy hijo de un habitante de este pequeño lugar, lleno en su totalidad por agricultores, buena gente que hace sus tratos de día y trabaja por tarea.
Mi padre es agricultor, dueño de uno de los terrenos más extensos que hay en el lugar.
Por lo general viajo a Mira en mis vacaciones ya que al ser un lugar tan pequeño y pacifico, uno puede olvidarse de la aglomeración de las ciudades grandes, de la indiferencia, de la soledad. Ya que bien podrías saludar a cada persona que te encuentres y todas te responderán el saludo con una sonrisa.
Fue una noche de mis vacaciones que me encontraba en el terreno de mi padre ayudándolo a que el agua que le tocaba llegara sin problemas de la reserva. El agua empezó a bajar el caudal cuando ya estábamos por terminar, le dije a mi padre que se quedara y me llamara por celular si algo pasaba, subí a mi auto y tomé el camino para ir a la reserva para ver que había pasado, lo típico es que algo tapara la compuerta principal, si no era así tendría que bajar todo el camino de vuelta al terreno, pasando por todas las compuertas que hay para verificar en cual estaba el atasco.
El camino a la reserva es deslavado por lo que se podía oír el sufrimiento de mi Toyota a pesar de su tamaño, dejé el auto afuera del pequeño estacionamiento de la reserva, ya eran casi las 12pm no habría nadie que se quejara, me guie con la linterna de mi celular pero debido a que la reserva estaba rodeada de una maleza alta tenía que abrirme paso. Fue solo un instante pero sentí como algo rosaba mi trasero, hay pocas veces en las que un hombre admitiría que chillo del miedo, pero no lo negaré, voltee a ver que había detrás de mí, pura y fría oscuridad nada más.
Seguí avanzando hasta que tuve un pie en el filo de la reserva, un enorme estanque de agua tan negra que no pude resistir sentir miedo, pensar que algo podría salir de un salto del agua y morderme la yugular para darse un festín con mi sangre. Aleje mi mente de esos pensamientos lo mas que puede pero la mente no es algo que uno pueda controlar a voluntad propia, esta sigue cuanto quiere sin parar a preguntarse si seguir es bueno o malo. Caminé por el filo de la reserva hasta encontrar la compuerta, la alumbre, la buena noticia era que el atasco estaba allí provocado por unas ramas de árbol, la mala noticia era que tendría que meter mi mano en el agua y sacar todo lo que atascaba. Después de unos segundos tomando aire me arrodille deje mi celular al otro lado de la compuerta con la linterna alumbrando hacia arriba, y metí mi mano en el agua sintiendo las ramas para tomar todas de un solo trabajo.
Una vez más mi mente me atacaba, a gritos me decía que lo que estaba sintiendo no solo eran las ramas también había una mano esperando a que la toque para entrar en acción sujetándome y arrastrándome al fondo para tener frente a frente al dueño de la extremidad.
Otra vez tomé aire ya con la mano entumecida en el agua, agarre todas las ramas con todo el valor que tuve y las saque tan rápido como pude, luego las arroje a la maleza que rodea la reserva, dejé salir un grito de rabia hacia la oscuridad, le había ganado al miedo, me puse en pie, tomé mi celular y me dispuse a salir de ese lugar, iba a llegar al auto respiraría y esperaría un rato a que mi padre me llamara y confirmara que el agua aumentó, para terminar con esa noche de mierda.
Cuando ya me disponía a entrar de nuevo en la maleza pude escuchar claramente como algo cayó en el agua, en este punto ya no quería más de esa noche, en este punto solo quería ir a mi auto y descansar mis nervios, solo eso. Voltee a ver la reserva y no pude ver que es lo que había caído, me acerqué un poco al filo y alumbre todo lo que pude. Rogué porque lo que hubiese caído haya sido pequeño y no me obligara a volver, lo deje estar, y me adentré en la maleza, poco a poco puede ver mi auto, mi hermoso y amado auto, esta vez alentado por un sentido de que pronto llegaría el final decidí ignorar todo lo que me rosaban las piernas, sean solo plantas o no, ya no me importaba.
Al fin pude sentir la manija de la puerta y pude entrar a la seguridad de mi auto, metí la llave en la ranura y lo encendí, las luces me calmaron aun más, me revise todo el cuerpo, me vi las manos y estaban bien, vi mi cuerpo de piernas para arriba y estaba completo nada me faltaba. ¿Qué detonó en mi todos esos pensamiento?, nunca lo sabría, luego de apoyar mi cabeza contra el volante, empecé a reír tan alto como pude, era mi victoria contra mi mismo, tomé tanto aire como pude para luego exhalar de forma sonora.
Mire por el parabrisas de mi auto hacia la maleza que los focos delanteros alumbraban, tome el cinturón de seguridad con mi mano izquierda pasándolo a mi mano derecha para embonarlo, pero este no entraba así que baje la mirada y lo coloque de forma correcta, pero cuando volví la vista hacia al frente note una cosa, no estaba solo en el auto. Alguien estaba en el asiento del acompañante, era demasiado pequeño porque no lograba verle completamente con el rabillo de mi ojo, así que simplemente voltee a verle. Un pequeño ser sentado con unas manos arrugadas entrelazadas sobre su vientre, estaba sentado pacíficamente contra el espaldar del asiento viendo hacia el tablero, cuando volteo a verme no sentí tanto miedo pues tenia la cara de un anciano, y tenía puesto lo que parecían trapos, un cabello blanco lizo, y ojos negros.
Este pequeño me ignoró y vio detrás de mí, después dijo:
-si no quieres que esa cosa entre, deberías poner seguro al coche.
-¿qué cosa?-le pregunte al lindo viejo.
-la cosa que asustaste con tu grito, estaba en el agua dormida, pero al oírte se asusto y salió arrastrándose fuera de la reserva.
-¿es fuerte?-le pregunte al momento que presioné el botón de seguro en las llaves para que todas las puertas estuvieran cerradas, no dejé de verlo en ningún momento.
-esta a punto de romper el cristal.
Que miedo!!!
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